El Real Madrid tiene siete vidas. O más. Su ejercicio de supervivencia en el derbi de Arabia ante el Atlético fue conmovedor. Sufrió, corrió y achicó agua para meterse en la final de la Supercopa. Acabó con Carreras y Tchouaméni de centrales y con el inédito Mendy de lateral izquierdo. Y aun así ganó. Fede Valverde abrió el marcador y Rodrygo hizo el segundo. Sorloth acortó distancias y el equipo de Simeone lo intentó sin éxito hasta el final. Xabi Alonso salva su enésimo match-ball como entrenador del Madrid.
En el Real Madrid Xabi Alonso, más que un entrenador, es el doble de Tom Cruise en Misión Imposible: se juega la vida en cada escena. Tras salir (casi) ileso de los duelos ante Alavés, Talavera, Sevilla y Betis el técnico tolosarra aterrizaba en Yeda sólo con billete de ida. Una derrota fea ante el Atlético o ante el Barcelona podría ponerle el finiquito por debajo de la puerta del vestuario. Para regocijo de alguno, por cierto.
El caso es que el técnico del Real Madrid afrontaba su duelo ante el Atlético con pocas dudas en la alineación. La baja de Mbappé, no por prevista menos dolorosa, y el alta del tocado Rüdiger condicionaban un once sin sorpresas. Los mismos que golearon al Betis. Es decir, que Valverde seguía en el lateral derecho, Rüdiger y Asencio como pareja de centrales, Camavinga al lado de Tchouaméni y Gonzalo de nueve con Rodrygo y Vinicius en los flancos.
Enfrente Simeone oponía un Atlético sin Barrios, jugador capital para El Cholo y un centrocampista imponente. Eligió a Gallagher para suplirle, aunque el inglés es intenso e irregular a partes iguales. Atrás volvía Marcos Llorente al lateral derecho, con Ruggeri en el izquierdo y la pareja Pubill-Hancko como centrales. El viejo Koke diría los mandos del equipo y arriba entraba Baena, el amigo de Fede Valverde, para acompañar a Giuliano, Julián Álvarez y Sorloth, un jugador que suele hacer mucho daño al Real Madrid.
El estadio Rey Abdullah presentaba un aspecto imponente. Lleno. Pero lleno, lleno. Aquí el Real Madrid es más local que en el Bernabéu. Y entre vítores de la bulliciosa afición local arrancó el derbi de Arabia. Y en un minuto ya estaba por delante el Madrid. Fue un misil, un latigazo, un zambombazo, un zurriagazo, un disparo monumental de Fede Valverde, que ejecutó una falta que había sufrido Bellingham a unos 15 metros del área. La barrera de Oblak estaba mal puesta. Fatal. Le faltaba un jugador que hubiera tapado el poste derecho. La pelota entró justo por ahí como un obús y Oblak tardó en reaccionar.
Latigazo de Fede Valverde
Como tantas veces el Real Madrid encontró el gol antes que el juego, así que el Atlético se echó al monte. Replegó el equipo de Xabi Alonso y se dedicó a lo que más le gusta: atacar los espacios. Bellingham aparecía por todas partes y Gonzalo presionaba como un caco escapando de la policía. El derbi no tenía dueño. Parecía un partido de tenis porque la pelota iba de lado a lado y ambos equipos eran mejores sin el balón.
El Atlético se encomendaba al talento de Baena, que tuvo algún que otro enganchón con Fede Valverde, y metió un pase venenoso con el exterior en el 18 al que no llegó un Julián Álvarez otra vez algo desdibujado. El Real Madrid presionaba bien pero le duraba demasiado poco la pelota. Luego se puso a replegar e invitó a los de Simeone a atacar para buscar responder a la contra. Así pudo llegar el segundo si Rodrygo no hubiera definido como un alevín en el mano a mano ante Oblak tras una buena contra iniciada en una buena recuperación de Carreras. Un minuto después también la tuvo en su cabeza Vinicius, pero la echó fuera.
El Real Madrid había marrado en un minuto dos ocasiones clamorosas para dejar encarrilado el derbi. Se salvó de milagro el Atlético que, superado el susto, volvió a quedarse con la pelota. En el 32 Sorloth tuvo un cabezazo que se topó con la manopla de Courtois en el milagro nuestro de cada día. Y un minuto después otra vez el sueco tuvo en su testa la opción de empatar, pero Gallagher le había mandado un melón y lo remató a la grada.
Domina el Atlético
Camino del entreacto el derbi seguía sin dueño aunque la posesión era rojiblanca. Como fue la tercera ocasión consecutiva del Atlético en las botas de Baena. La paró Courtois, como supongo que ya habrán adivinado. Y el rechace, que cayó en las botas de otro rojiblanco, lo sacó Rüdiger. Fue la última ocasión del equipo madridista justo antes de que Busquets Ferrer, que había tenido un arbitraje sencillo, señalara el camino de los vestuarios.
Allí metió Simeone a Le Normand por Gallagher, así que pasó a Pubill al lateral derecho y a Marcos Llorente al lado de Koke. Lo cambiaba todo el técnico del Atlético para intentar dar la vuelta al derbi. El Real Madrid seguía con los mismos, quizá porque a Xabi Alonso tampoco le sobra banquillo. Apretaron de salida los rojiblancos, que seguían coleccionando córners como el PSOE colecciona denuncias por acoso.
Y en pleno dominio del Atlético, que no agobio, llegó el segundo del Real Madrid. Fue un pase filtrado por Fede Valverde, que vio el desmarque de Rodrygo. El brasileño retrató en la carrera a un Le Normal descolocado como un cura en una rave y, esta vez sí, no falló ante Oblak y marcó el 0-2. Xabi Alonso lo celebraba allende la banda como en sus tiempos de mediocentro. Pero la alegría le duraría poco al técnico madridista.
En apenas dos minutos un centro desde la derecha de Giuliano, que retrató la debilidad de Asencio, devorado por la corpulencia de Sorloth. Se comió el canario el centro y luego reclamó un empujón leve, muy leve, del noruego, que cabeceó el 1-2 para devolver la emoción al derbi. Xabi Alonso reaccionó casi de inmediato y amagó con meter al campo a Mastantuono y a Mendy. Pero no los metió.
Se acelera el derbi
Pasaron un buen puñado de minutos y decidió meter a la vez a Mendy y a Fran García. Como Asencio, además de superado, ya estaba tieso del todo, Xabi Alonso optó por sacarle del campo, igual que a Rüdiger, también tocado, y colocar a Carreras y a Tchouaméni de centrales, a Mendy y a Fran García por delante. El Real Madrid pedía a gritos quitar a Vinicius, a Rodrygo o a los dos pero Xabi no terminaba de atreverse. El Atlético ya iba con todo. Y todavía nos quedaba un cuarto de hora, más el alargue, para que se acabara el derbi.
Simeone agitó el derbi después de que se hubiera pasado el partido provocando a Vinicius, al que Xabi Alonso sustituyó para meter a Güler. Siguió apretando el Atlético con ocasiones para Griezmann y Llorente, este último dos. Sufría el Real Madrid y Xabi ordenó otros dos cambios: Mastantuono y Ceballos. Se fueron Rodrygo y Camavinga. El técnico madridista buscaba sobrevivir como fuera. Estaba en juego la final contra el Barcelona.
Los siete minutos de prolongación se le hicieron eternos al Real Madrid, que se remangó y ejecutó su propio manual de resistencia. El Atlético, con más fe que talento, lo intentó hasta el final pero no pudo lograr el empate ni en la ocasión postrera de Julián Álvarez, así que el equipo de Xabi Alonso, para jolgorio de la afición local, se metió en la final de la Supercopa. Eso ya será el domingo frente al Barcelona. Otra historia. Y se la contaremos. Dios mediante.